Los israelíes comenzaron a votar el martes en las quintas elecciones nacionales celebradas desde 2019, con la esperanza de romper el bloqueo político que ha paralizado el país durante los últimos tres años y medio.
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Las urnas cerraban a las 22:00, pero no se esperaban resultados oficiales hasta el miércoles y el proceso de formar una nueva coalición de gobierno podría tomar semanas.
Aunque la campaña tenía un eco familiar, un nuevo e influyente competidor había marcado una diferencia: el legislador de ultraderecha Itamar Ben-Gvir. Su partido Sionismo Religioso parecía encaminado a ser el tercer grupo más grande del parlamento. Si impulsa a Netanyahu a una victoria, Ben-Gvir presionaría para endurecer aún más la estrategia contra los palestinos.
Los israelíes votan a los partidos, no a candidatos concretos. Para convertirse en primer ministro, Netanyahu, Lapid u otro aspirante debe formar una coalición que controle una mayoría de 61 escaños en el Knesset, o parlamento, de 120 plazas.
Si nadie lo consigue se plantearían otras elecciones para principios de 2023. El prolongado estancamiento ha sumido a Israel en una crisis política sin precedentes que ha erosionado la confianza de la población en sus gobernantes e instituciones democráticas.
FUENTE: Associated Press




