Todas deseamos tener un closet de ensueño y, de vez en cuando lo logramos. Otras veces, hacemos realidad una fantasía a través de la ventana de una obsesión. De algo divino.
El otro día me fui a otro planeta. Una boutique llena de bellezas y con olor a buen gusto. Me puse todo lo que quise, me inventé una historia en la que en un día vestía una falda de cuero plisada color tabaco, la acompañaba con una blusa blanca delicada con rosas color champaña. Y para no provocar una sobredosis de sobriedad, rompí el esquema con sandalias color magenta y de flecos, un sobre fucsia en la misma gama rosa, perlas y aretes de cristal.
Soñé que al día siguiente iba por la calle rumbo a un desfile de modas, mi traje en tonos azulados y violáceos tan vaporoso y femenino, acompañado por zapatos tipo pump en terciopelo rosa y broches de brillantes, un sobre y accesorios con brillo: un cinturón de placa metálica con piedras transparentes y rosa, y unas enormes argollas de strass de Swarovski que se robaban el show, un trend muy fuerte actualmente.
Qué lindo abrir el closet y tener al alcance de tu mano algo chic y cómodo. Así me sentí con un conjunto kimono tipo piyama en tipo seda estampada amarilla y con delicadas plumas como toque especial. Un bolso en cuero charolizado y suede con aplicaciones de bichos labrados en baño de oro avejentado... ¡y listo! Otro día para recordar.
No me podía faltar esa salida a un cóctel en una bella boutique una tarde cualquiera de este verano fresco y cálido. Un trajecito de entalle perfecto en chiffon de colores vibrantes y mucho sex appeal. Las flores siempre serán las flores y, yo siempre querré un closet así: divino.
Vestuarios gracias a Divina Obsesión
FUENTE: María Sofía Velázquez