Es un gimnasio que a la vez no lo es: no hay máquinas de ejercicios, ni personas que escuchan música mientras realizan aeróbicos... más bien, es un galpón grande lleno de sogas, martillos, llantas de vehículos, barras y pesas. Allí los asistentes se someten a una suerte de "tortura" conocida como "Crossfit", un entrenamiento similar al que realizan militares, policías y bomberos.