Los cielos de Panamá siguen abiertos para lograr llevar algo de aliento a las poblaciones más alejadas, distancia que se ha incrementado con las medidas de confinamiento implementadas por el Gobierno Nacional para contrarrestar el avance del coronavirus.
La actividad de vuelos comerciales está suspendida, sin embargo pequeñas aeronaves continúan volando y recorriendo el territorio panameño, con una sola misión: ayudar. Un grupo de hombres y mujeres sigue trabajando con el objetivo de aportar en medio de esta guerra campal para preservar la salud de la población.
Los únicos autorizados son los vuelos de carga y los de carácter humanitario. Estos últimos muchos para repatriar a los extranjeros que se quedaron varados en Panamá y otros para llevar alimentos a zonas más apartadas del país.
En una operación liderada por la Autoridad de Aeronáutica Civil en conjunto con el Servicio Nacional Aeronaval y la Asociación Panameña de Aviación se están realizando vuelos para distribuir bolsas de comidas e insumos médicos a las poblaciones de difícil acceso.
Recientemente, se realizó un vuelo al Archipiélago de las Perlas, en el Pacífico panameño, para transportar alrededor de 21 mil libras en alimentos. La ayuda llegó a la isla Pedro González, centro logístico, desde donde parten las unidades del Servicio Nacional Aeronaval con la ayuda para ir al resto de las islas.
La solidaridad forma parte elemental de toda esta operación. Para iniciar, miembros de la Asociación Panameña de Aviación, Air Panama y Arrendamiento Aéreo, aportan su tiempo y aeronaves para realizar estos vuelos. Además, que mucha de la mercancía transportada es donada, en este último viaje el apoyo llegó de parte del Club Activo 20-30, que incluía leche, pañales y medicamentos.
Parte de la donación era esperada por un grupo de isleños, que cargaron un camión con todo. Cada bulto de arroz, frijoles, cebollas, caja de medicamentos eran cargados con alegría y esperanza, llevaban ayuda para su gente. Con ese sentimiento partieron y se fueron alejando de la pista de aterrizaje, donde quedaba la satisfacción del deber cumplido, motor suficiente para regresar a la ciudad capital y esperar un nuevo plan de vuelo.