El empresario Stephen Belafonte, exmarido de la cantante Mel B, no ha tenido problema alguno a la hora de trasladar a la prensa las impresiones que le ha dejado la última vista oral de su mediático proceso de divorcio con la que fuera integrante de las Spice Girls, la cual ha servido fundamentalmente para validar aquellos acuerdos a los que había llegado la expareja anteriormente -como la retirada de sendas peticiones para interponer órdenes de alejamiento contra el otro y la gestión compartida de la custodia de su hija Madison-, así como para que el juez determinara las obligaciones económicas que han de satisfacer ambas partes.
"Estoy encantado, de hecho me voy a Disneyworld. He conseguido todo lo que quería y la verdad es que, teniendo en cuenta el resultado, ahora pienso que podríamos haber solucionado esto hace meses. Pero en general me siento muy aliviado de que por fin hayamos acabado con este proceso", ha declarado el polémico productor al diario británico Daily Mail.
Un factor de peso que explica el rostro de satisfacción que exhibía Belafonte a la salida de la Corte Superior de Los Ángeles reside en los 350.000 dólares que tendrá que abonarle la intérprete en concepto de tasas judiciales, así como en los 5.000 dólares que tendrá que pasarle mensualmente para la manutención de su única hija en común, de seis años.
Por si eso no fuera suficiente, la artista británica y el hombre con el que compartió diez años de matrimonio -y al que acusó de haberla maltratado física y psicológicamente durante buena parte del mismo- tendrán que colaborar indirectamente para asegurarse de que la mansión que compartían en la ciudad californiana se vende lo antes posible y al mejor precio.
Y es que ambos tendrán que apartar 550.000 dólares cada uno de los beneficios que genere la operación para terminar de pagar el resto de las tasas judiciales que les reclama la corte.Por otro lado, Belafonte ha insinuado que podría abrir un nuevo frente judicial a su debido tiempo para que se le reconozca su supuesto derecho a visitar regularmente a la pequeña Angel (10), fruto de la aventura que mantuvieron hace una década Mel y el cómico Eddie Murphy y a la que él habría tratado siempre como si fuera su propia hija. No obstante, el hecho de que ambos hayan acordado mantenerse siempre a una distancia de 200 yardas el uno del otro -sin olvidar la falta de lazos de sangre entre el empresario y la niña- no contribuirá precisamente a facilitar su objetivo.
FUENTE: Showbiz