El contrabando entre Gaza y Egipto, una actividad en peligro de extinción. Foto/AFP

EFE

Cerca de la boca de un túnel de contrabando destruido, en la frontera entre Egipto y Gaza, Bassam Qestha enciende unas velas para recordar a su hermano, muerto el año pasado cuando un pasadizo similar se derrumbó sobre su cabeza.

Questa, su hermano fallecido y el resto de la familia vivían todo lo confortable que se puede en la depauperada Gaza, aislada por Egipto y bajo un férreo asedio militar israelí desde 2007, gracias a los productos que pasaban de contrabando bajo una frontera que El Cairo abre y cierra a discreción.

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Pero la muerte de su hermano y la destrucción tres veces de su medio de vida -la última el pasado verano por parte del Ejército egipcio tras el golpe de estado contra los Hermanos Musulmanes, aliados de Hamas, que gobierna en Gaza- le hicieron tirar la toalla y emprender un negocio de electrodomésticos israelíes usados.

"Recordamos los días buenos y los malos, cuando los túneles estuvieron operativos durante casi siete años. Ahora el período del contrabando ha terminado", asegura, mientras apura un cigarrillo en la zona, donde un silencio sepulcral ha sustituido el ruido de generadores eléctricos y ascensores.

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Con todo, este antiguo empresario subterráneo se encuentra entre los afortunados, pues decenas de propietarios como él han pasado a engrosar el alto número de palestinos desempleados después de que el contrabando se esfumara de un día para otro.

Los pasadizos supusieron en los últimos siete años no sólo una vía obligada para la introducción de productos de primera necesidad, combustible, medicinas y alimentos -además de armas- en la paupérrima Gaza, sino también un negocio muy lucrativo para sus promotores.

Ahora, el acuerdo de reconciliación entre el partido nacionalista Al Fatah y Hamas, tras siete años de división y conflicto, parece su amenaza definitiva: el presidente Mahmud Abás, en buenas relaciones con Egipto, ha dicho que una de sus principales objetivos es acabar con el aislamiento de la Franja.

Los túneles comenzaron a proliferar y llegaron hasta el millar poco después de que Israel impusiera un estrecho bloqueo sobre Gaza y la catalogara como entidad hostil tras la toma de control por parte del grupo islamista Hamás en 2007.

Hoy en día, más del 90 por ciento de los túneles -única vía de aprovisionamiento de los 1,7 millones de gazatíes- han quedado inutilizados.

El Ejército egipcio afirma que desde julio de 2013 sus fuerzas han destruido 1.500 túneles en la zona limítrofe con Gaza, acción que oficiales de alto rango dicen ha facilitado la restauración de la calma en la convulsa Península del Sinaí, que en los últimos años ha sido refugio de grupos radicales yihadistas.

Pero a pesar de esta acciones, aún unos pocos contrabandistas se atreven a correr el riesgo y arreglan parte de los pasos ahora destruidos.

"En mi caso, perdí 100.000 dólares tras cavar mi túnel y repararlo tres veces. Así que en lugar de perder más dinero, decidí parar y empezar otro negocio para poder vivir", expone Qeshta.

Los cigarrillos son algunos de los productos que, junto a medicinas, siguen entrando en el enclave costero a través de túneles y su precio se ha encarecido porque Hamás aún grava los bienes de estraperlo que llegan de Egipto.

Ahmed Salah, contrabandista de tabaco, sostiene que en la última semana el Ejército egipcio le confiscó un camión cargado de paquetes de cigarrillos, causándole una pérdida cercana al cuarto de millón de dólares.

"Lo que conseguí en seis meses lo he perdido en unos pocos minutos", asegura.

"El movimiento comercial en la ciudad de Rafah, de 200.000 habitantes, ha disminuido más de un 50 por ciento. Muchos restaurantes y tiendas han cerrado", lamenta por su parte el alcalde la ciudad, Sobhi Rodwan, quien asegura que 5.000 familias han perdido su fuente de ingresos y otras 10.000 de forma indirecta.

A esto se suma el parón en la construcción en la franja, principalmente por la escasez de materiales, al igual que sucede con la gasolina disponible, haciéndose cada vez más frecuente la imagen de largas colas de coches esperando para repostar.

En marzo, el Ministerio de Interior de Hamás anunció el cierre de su departamento encargado de recolectar millones de dólares en impuestos sobre los productos de contrabando y la escasa actividad ha obligado al movimiento a pagar la mitad de los salarios a sus empleados durante cerca de seis meses.

Ante este panorama, una tímida esperanza parece quitar algo de presión a los habitantes de Gaza. El acuerdo de reconciliación alcanzado la semana pasada entre Hamás y Al Fatah que, de hacerse efectivo, podría desembocar en algo que todos ansían desde hace años: la apertura del paso de Rafah y el fin de aislamiento.

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