Cuchillos, sogas, lonas, fusiles AK-47 y lubricante para armas. Son algunos de los artículos entregados al ejército ugandés por tres combatientes que desertaron el mes pasado del Ejército de Resistencia del Señor, de Joseph Kony, en la República Centroafricana.
En la selva, donde vivieron durante años, estas preciadas posesiones eran esenciales para la supervivencia y ahora suministran algunos indicios sobre el modo en que los miembros del grupo brutal pueden eludir la persecución de las fuerzas africanas respaldadas por Estados Unidos que los persiguen.
Kony y sus rebeldes han aterrorizado Uganda y otras partes del África central durante años, perpetrando matanzas brutales y secuestros. Kony ha sido acusado por el Tribunal Penal Internacional, pero recién en 2012 cobró notoriedad internacional después que la organización Niños Invisibles puso de manifiesto sus crímenes en un video que fue visto por millones de personas en línea.
Comandantes militares ugandeses, que encabezan una misión encomendada por la Unión Africana para apresar o matar a Kony, dicen que el desafío consiste en localizar al enemigo en territorio semidesierto y anárquico donde los peligros van desde los animales salvajes hasta otras milicias.
"El mayor problema no es cómo pelear sino localizar a los rebeldes", dijo el coronel ugandés Michael Kabango, comandante supremo de las tropas ugandesas en la República Centroafricana.
A menudo los rebeldes sacan ventaja a sus perseguidores porque nunca pasan muchas noches en el mismo sitio. También son ingeniosos. Para cruzar ríos infestados de cocodrilos, por ejemplo, construyen balsas con planchas de plástico y sogas.
Los rebeldes han explotado lugares carentes de autoridad donde secuestran a sus víctimas. La insurgencia comenzó en Uganda en los años 80 y cuando los militares ugandeses lanzaron una ofensiva en 2006, los insurgentes fueron primero a territorio del sur de Sudán y después se desplazaron al oeste al Congo y la República Centroafricana. Algunos comandantes ugandeses creen que han llegado hasta Chad.
Ahora lanzan ataques de menor escala. Menos de 500 rebeldes siguen activos en parte del África central, donde operan en selvas en una superficie extensa. Se dividen en grupos reducidos de 10 a 20 combatientes. El jefe rebelde Kony no se ha visto en años y cuando los perseguidores se le acercan se cree que huye a un refugio en Kafia Kingi, un enclave disputado en control de Sudán.