Los líderes de las naciones del Golfo Pérsico se reunieron el miércoles con Barack Obama en la Casa Blanca para advertirle sobre los riesgos de concretar un acuerdo nuclear con Irán.
Por su parte, el mandatario estadounidense buscó convencer a sus contrapartes de los beneficios potenciales que el acuerdo traería a la región.
Pero cuando los dos días de conversaciones concluyan el jueves es poco probable que las cosas cambien. El escepticismo de los países del Golfo Pérsico en torno a Irán va mucho más allá de su actividad nuclear. Mientras tanto, Obama ya invirtió demasiado en las negociaciones con Teherán para permitir que las preocupaciones de esas naciones den al traste con un acuerdo que espera dejar como legado.
"Pienso que la cumbre dejará a todos un poco insatisfechos", dijo Jon Alterman, director para Medio Oriente en el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales.
Se espera que la Casa Blanca ofrezca a las naciones del Golfo Pérsico más asistencia militar, pero Estados Unidos ya rechazó las solicitudes de dichos países para un acuerdo formal de defensa.
Obama se reunió por separado el miércoles con el príncipe heredero saudí Mohamed bin Nayef y con Mohamed bin Salman, segundo en la línea al trono. El presidente había planeado entrevistarse con el rey Salman, pero el reino anunció abruptamente que el monarca no viajaría a Washington.
La Casa Blanca y funcionarios saudíes insistieron en que el rey no desairó a Obama, pero su ausencia llega en momentos de indiscutibles tensiones en la larga relación entre Washington y Arabia Saudí.
Estados Unidos y otras cinco naciones intentan lograr un acuerdo con Irán a finales de junio para frenar sus ambiciones nucleares a cambio de aminorar las sanciones económicas internacionales que enfrenta. Las naciones del Golfo Pérsico temen que la entrada de dinero sólo facilite lo que ellos ven como agresión.
La Casa Blanca dice que un acuerdo nuclear deberá abrir camino a conversaciones más productivas con Irán en relación a sus vínculos con el terrorismo. Estados Unidos ha criticado el apoyo de Teherán a la organización islamista libanesa Jezbolá, así como a ataques terroristas de la Fuerza Quds de Irán.
Los saudíes también están preocupados sobre la situación en Yemen, donde rebeldes hutíes vinculados con Irán expulsaron al presidente yemení, respaldado por Estados Unidos y Arabia Saudí.
Durante más de un mes, la coalición liderada por los saudíes intentó frenar a los hutíes con un bombardeo incesante. El martes, un cese del fuego de cinco días entró en efecto, aunque la pausa ya era un riesgo de por sí. El miércoles un caza de la coalición encabezada por los saudíes se estrelló contra un convoy militar perteneciente a rebeldes chiíes y sus aliados.
Los funcionarios mencionaron el cese de fuego como uno de los motivos por el cual el rey Salman debió quedarse en Riad y no hacer el viaje a Estados Unidos.
FUENTE: Associated Press