En Marruecos, un país musulmán, el espíritu navideño existe, pero no se deja ver en las calles, sino que queda reducido a espacios cerrados y privados como casas, establecimientos comerciales y, sobre todo, las iglesias donde se reúnen los creyentes extranjeros.
Ayer, en la catedral de Rabat, un numeroso grupo de parroquianos se congregaba para celebrar la misa de Nochebuena (la tradicional misa del Gallo), una ceremonia protagonizada por la comunidad subsahariana, que hoy por hoy es la mayor representante del cristianismo en Marruecos.
Si bien durante la época colonial (1912-1956) eran los europeos quienes llenaban las iglesias marroquíes, ahora la mayoría de los fieles proceden del África negra, y su influencia se deja notar en el ambiente que rodea la liturgia.
En el país magrebí hay unos 30.000 católicos y, aunque muchos de ellos no asisten con regularidad a las celebraciones religiosas, una ocasión como la de ayer desbordó el principal templo de Rabat, frente a cuyas puertas se ubicó un dispositivo policial para garantizar la seguridad.
La misa de Nochebuena se celebró en unas 25 ciudades de Marruecos, la mayoría de las cuales también tienen programados servicios de culto a lo largo de la jornada de hoy.
Los feligreses que llenaron la catedral de la capital formaban un grupo de lo más variopinto: estudiantes subsaharianos se mezclaban con diplomáticos occidentales y la juventud de muchas familias africanas contrastaba con los ancianos europeos nacidos en tiempo colonial.
Entre continuos cánticos e himnos que los parroquianos coreaban con palmas, la misa se prolongó durante casi dos horas, en las que prácticamente todos los presentes, incluido el sacerdote, se animaron a bailar en algún momento.
La ceremonia alcanzó su punto álgido cuando el cura, también subsahariano, recitó el pasaje del Evangelio de San Lucas que narra el nacimiento de Jesús mientras un grupo de niños realizaba, simultáneamente, una representación teatral de la escena.
Sin embargo, no todos los fieles estaban invitados a esta fiesta; los creyentes marroquíes no tienen permitida la participación en ritos cristianos.
En su caso, la celebración de la Navidad adquiere un cariz estrictamente privado y, si bien en los últimos años han comenzado a salir de la clandestinidad, por lo general prefieren evitar la publicidad.
Marruecos sólo admite la minoría judía, establecida en su territorio desde hace siglos, y no permite ni las conversiones al cristianismo ni ejercer ningún tipo de evangelización con los nacidos musulmanes.
Días atrás, el portavoz de la Coordinadora Nacional de Marroquíes Cristianos, Mustafa Susi, explicaba a Efe que sus correligionarios optarían por evitar las celebraciones en público de la Navidad para "no crear cismas" en la sociedad, dado que "la seguridad del Estado está por encima de todo".
Por su parte, algunos comercios intentan aprovechar el tirón de estas fechas y venden artículos, sobre todo decorativos, vinculados a la Navidad, pero esta actividad se observa mayoritariamente en las grandes superficies y se dirige a una clientela extranjera.
En definitiva, en Marruecos la Navidad no trae consigo las calles iluminadas, los grandes banquetes o los regalos debajo del árbol que son costumbre en el Occidente cristiano, pero en la intimidad que proveen los hogares y las iglesias perdura el componente religioso que radica en el núcleo de esta celebración.
FUENTE: EFE