Desde que fueron organismos amarillos unicelulares, los minions siempre tuvieron una misión: seguir al villano más temido de su tiempo. Encontrar un villano fue fácil, conservarlo... no tanto. Desde el T-Rex hasta Napoleón, siempre fracasaron en el intento y sin una mente villana a quien seguir, entraron en una profunda depresión.