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EE.UU. Internacionales -  8 de septiembre de 2014 - 17:27

El agua, un aliado que puede salvar a migrantes en su camino hacia EEUU

Entre los cientos de peligros que los migrantes enfrentan en su camino hacia Estados Unidos, las zonas desérticas fronterizas se convierten en un horno de 45ºC durante el día que difícilmente se superan sin agua.

"Mucha gente muere de sed" cruzándolo, explica Enrique Morones, con varias botellas de agua en las manos, frente al muro que separa los sueños de miles de mexicanos y centroamericanos a la altura de Jacumba, un diminuto pueblo en el californiano Valle Imperial.

"La falta de agua es la primera causa de mortalidad de las 10.000 personas que han fallecido" en su intento por llegar a tierras estadounidenses, señala este mexicano nacido en San Diego (sur de California), donde fundó hace dos décadas la organización Ángeles de la Frontera.

Una de las iniciativas que promueve su ONG es esconder bidones de agua entre matorrales en las zonas fronterizas del desierto de Sonora -que se extiende por los estados mexicanos de Sonora y Baja California y llega a Arizona y California-, donde Washington no levantó la pared divisoria.

Los voluntarios también llenan de botellas los terrenos áridos y poblados de serpientes que colindan con el muro del lado estadounidense, para ayudar a aquellos que logran saltarlo.

"Hay que poner (botellas) bajo esos arbustos", dice Nelly, una peruana que colabora con Ángeles de la Frontera desde junio, cuando estalló la crisis de los menores centroamericanos que llegan solos a Estados Unidos y que saturó los centros de detención.

A lo lejos, oficiales de la guardia fronteriza vigilan desde sus vehículos cada movimiento, ayudados por cientos de cámaras, sensores y "drones" imposibles de ver, sabedores de que cualquier distracción puede ser aprovechada por los migrantes para escalar la pared de acero.

Pero "los agentes no retiran el agua porque no tienen una posición oficial sobre este tema", precisa Morones.

Algunas botellas viejas tienen agujeros, la mayoría hechos por los coyotes que merodean la zona, pero otros provocados por residentes del Valle Imperial que se oponen a este tipo de iniciativas.

"Mira esta botella, ¡alguien la rompió! Estos cortes no los hace un animal", exclama indignado Morones. "Es complicado entender que alguien haga esto. El agua puede salvar la vida de uno", agrega.

El Valle Imperial "no se caracteriza por ser solidario", cuenta de su lado Juan Hérnandez, un mexicano-estadounidense jubilado que colabora con causas proinmigrantes.

Esta zona dedicada a la agricultura está dominada "por los anglosajones, que solo buscan mano de obra barata y después de las cosechas no quieren que nadie venga" a sus tierras, dice.

En la mayoría de misiones que hacen al desierto, los voluntarios suelen encontrar cuerpos o restos de migrantes que han sucumbido al calor, muchas veces no lejos de una botella de agua.

La deshidratación, el cansancio y el laberinto en el que se convierte el inclemente desierto de Sonora terminan siendo letales.

Más de 600 migrantes sin identificar que murieron a las puertas del "sueño americano" descansan en el cementerio de la vecina ciudad de Holtville, también llamado "Cementerio de Los No Olvidados" o "La Madre de Todas las Fosas".

Sobre sus sencillas tumbas unas cruces difunden un mensaje claro: "No están solos".

Morones asegura que, ante el problema que supone hacerse cargo de estos cuerpos, las autoridades del Valle Imperial decidieron hace unos meses "incinerarlos y tirar sus cenizas en el mar frente a San Diego".

"Este flujo no va a detenerse nunca", dice Hernández, en referencia a la llegada de migrantes a Estados Unidos. "Tenemos que cambiar el modo de hacer las cosas para vivir más tranquilos. Los mexicanos ya somos mayoría en las zonas fronterizas".

El mandatario Barack Obama dijo la semana pasada que abordará la cuestión migratoria tras las elecciones legislativas de noviembre, después de que en junio diera por muerta la posibilidad de aprobar la reforma que impulsó ante la falta de respaldo de los republicanos.

"Estas personas no pensaban que su último suspiro sería cruzando, sin agua y perdidos entre los cerros en el desierto", señala Morones. "El presidente tiene que darse cuenta que tendrá que actuar por su cuenta".

FUENTE: AFP

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