Pyongyang no es exactamente un centro de viajes internacional. Pero atraer a más turistas es uno de los principales temas en la agenda de Corea del Norte, por lo que miles de soldados-albañiles trabajan febrilmente estos días para dar a la capital un nuevo y sofisticado aeropuerto.
El nuevo aeródromo, que ahora está en su fase final, es la última de las "campañas veloces" de Norcorea, movilizaciones multitudinarias de brigadas de trabajo para terminar proyectos de alta prioridad en tiempo récord. Vestidos con cascos y uniformes marrones o verde oliva, impresionantes enjambres de trabajadores se esfuerzan bajo grandes carteles que piden que lleven a cabo sus tareas con "velocidad coreana". Desde algunas esquinas del lugar, música patriótica resuena por los altavoces para proporcionar más motivación.
Con la mayor parte de la construcción finalizada, el trabajo se centra ahora en allanar una nueva zona de pista, cavar túneles para drenaje y darle algunos toques finales al principal edificio de la terminal. Muchos de los trabajos parecen haber sido realizados a la vieja usanza: a mano o con herramientas simples.
Aunque Pyongyang es la puerta de entrada aérea al aislado país, actualmente se sirve de un aeropuerto que consiste en una pequeña terminal provisional del tamaño de un almacén grande, con solo una cinta transportadora para equipajes, una diminuta tienda libre de impuestos y otra improvisada de libros/recuerdos. El aeropuerto recibe, como mucho, solo unos pocos vuelos internacionales diarios, casi todos procedentes de China y alguno de Rusia.
Pero, en su búsqueda de la muy necesaria moneda extranjera, funcionarios norcoreanos se han embarcado en una ambiciosa campaña para impulsar significativamente el atractivo del país para turistas internacionales en los próximos años, lo que ha provocado que construir una infraestructura aeroportuaria impresionante sea un tema prioritario en la lista de tareas pendientes del gobierno.
La fecha de inauguración aún no se ha anunciado oficialmente.