En pleno siglo XXI, cuando el machismo todavía prevalece en la sociedad y la demanda laboral no subestima al "sexo débil", Griselma Álvarez una trabajadora de la tercera fase de la Cinta Costera decidió romper con ese paradigma para convertirse en una mujer "reforzadora".
Para esta mujer la determinación no fue fácil pero decidió emprender el reto que hoy la hace entremezclarse entre un grupo de hombres que a diario trabajan expuestos al sol, en el patio de prefabricado de vigas.