BUENOS AIRES ( AFP ) El fallo que condenó a los exdictadores argentinos Jorge Videla y Reynaldo Bignone por un sistema de robo de bebés marcó un salto cualitativo en la lucha por los derechos humanos porque "llamó a las cosas por su nombre", dijo el viernes a la AFP una de las víctimas.
"Es muy importante porque se pudo llamar a las cosas por su nombre: el fallo dice que se trató de un plan sistemático incluido dentro de un plan de exterminio del que fueron víctimas nuestros padres", dijo Victoria Montenegro, 36 años, una de las testigos del juicio.
Montenegro insistió en que el fallo que condenó a Videla a 50 años de cárcel y a Bignone a 15 años, además de otras siete condenas de entre 5 y 40 años, "es un paso importantísimo, un salto más de los dados en los últimos años respecto de las causas judiciales por la apropiación de niños en la dictadura" (1976/83).
"El fallo también ayuda a seguir buscando a nuestros hermanos", agregó en alusión a los que aún no pudieron recuperar su identidad y expresó su deseo de que "ayude a despertar conciencias".
Unos 500 bebés, hijos de desaparecidos, fueron robados durante la dictadura, de los cuales 105 recuperaron su verdadera identidad gracias a la labor de la entidad humanitaria Abuelas de Plaza de Mayo.
"Nuestros papás nos dieron la vida y las Abuelas nos la devolvieron", dijo Montenegro.
A diferencia de otros niños robados tras nacer en maternidades clandestinas durante el cautiverio de su madre, Victoria tenía dos semanas de vida cuando a mediados de febrero de 1976, un mes antes del golpe de Estado, fue secuestrada junto a sus padres desaparecidos, Hilda Torres y Roque Montenegro.
Tenía seis meses de edad cuando fue adoptada en forma ilegal por el coronel Herman Tetzlaff (ya fallecido), jefe de inteligencia del centro clandestino de detención El Vesubio que la llamó María Sol.
"Herman (...) fue la persona que asesina a mis padres y me lo cuenta. Yo tenía 25 años cuando él me contó que no era hija suya", contó en abril de 2011 cuando se animó a hacer pública su historia.
Según el escalofriante relato de la mujer, casada y madre de tres hijos, Tetzlaff "me llevó a cenar y me dijo que era una guerra, que ingresó a la casa. Me repetía que había abatido a subversivos, los enemigos, que eran mis padres. Me decía que lo había hecho para mí, que era lo mejor para mí. Me acuerdo que yo se lo agradecía".
Montenegro contó cómo durante años, aún sabiendo la verdad, culpaba a las Abuelas de Plaza de Mayo y a sus padres biológicos "hasta que llega un momento en que se te cae la venda y hay cosas que no se pueden seguir defendiendo".
"Hasta hace poco pensaba que me habían educado bien. Pero lo bueno lo tengo de mis papás (biológicos), porque nada bueno puede surgir de una relación enfermiza, porque él es el asesino de mis padres, me dio el arma con la que los mató y hasta hace poco tiempo yo la tenía en mi casa. Ahí no hay amor", reveló el año pasado la joven.
Su testimonio durante el juicio fue clave para revelar la connivencia de algunos funcionarios judiciales e incluso forzó la renuncia del exfiscal de la Cámara de Casación Penal Juan Romero Victorica, quien era amigo del apropiador y le facilitaba información sobre la causa, dijo Montenegro.
En marzo pasado, los restos de su padre fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) entre siete cuerpos hallados en 1976 en Colonia, Uruguay.
Al escuchar el fallo la noche del jueves, Montenegro lloró abrazada con otro nieto recuperado, el diputado oficialista Horacio Pietragalla, 36 años, quien también fue robado por Tetzlaff y entregado a una empleada doméstica que vivía en el mismo barrio de Buenos Aires.
"Este fallo nos llena de alegría porque tiene repercusión internacional, ya que no sólo se habla en términos de genocidio sino de la existencia de un plan sistemático de robo de bebés que podría tomarse como ejemplo en el mundo", dijo Pietragalla el viernes a la AFP.
FUENTE: Agencia AFP