El prodigio de las tecnologías robótica y médica se resume en la candorosa sonrisa y el pulgar arriba de David, un niño mexicano de ocho años con parálisis cerebral al que un sofisticado exoesqueleto le ofrece la capacidad de jugar.
FUENTE: AFP
El prodigio de las tecnologías robótica y médica se resume en la candorosa sonrisa y el pulgar arriba de David, un niño mexicano de ocho años con parálisis cerebral al que un sofisticado exoesqueleto le ofrece la capacidad de jugar.
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