Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en EE.UU. motivaron la expansión de la red nacional de vigilancia. Una cobertura sin precedentes hoy cobija cada esquina y lugar público -y en ocasiones privado- de las ciudades estadounidenses. La lluvia de cámaras de seguridad se volvió parte del paisaje de los norteamericanos, quienes, a costa de su propio bienestar, ahora sienten vulnerado su derecho a la privacidad.