Hace unas semanas, la Unidad Investigativa de Telemetro Reporta reveló la triste situación del centenario Colegio Artes y Oficios, Melchor Lasso de la Vega; una institución de educación pública nacida para satisfacer la necesidad de mano de obra que requerían las obras del canal en construcción.
No se trata de un caso más del conocido deterioro de las instalaciones y estructuras de otro colegio público del país, debido a la ineficiencia del sistema o a una inútil burocracia que, sospechosamente, todo lo complica. No; la cosa no va por allí...... es más grave aún.
En el caso del Colegio Artes y Oficios, los testimonios, los hallazgos y las huellas encontradas por el equipo periodístico, dejaron en evidencia la existencia del conocido monstruo de mil cabezas que se alimenta de la complicidad, la indiferencia y la impunidad. El insaciable monstruo de la corrupción.
Esta historia es especialmente triste, porque quienes han participado en la cadena de hechos que mantiene el colegio en el abandono, son los propios miembros de la comunidad educativa, pasando por la dirección, un grupo de profesores y representantes de los padres de familia.
Panameños comunes y corrientes que deciden aprovecharse de lo mucho o poco que controlan. Y en el caso del Colegio Artes y Oficios no fue poco, y el daño ha sido inmenso.
La perversión del sistema es tal, que la maraña de complicidades permite que quienes no participan del saqueo -afortunadamente siempre hay hombres y mujeres buenos-, o quienes se enfrenten tratando de impedirlo, acaban pagando un alto precio, mientras los responsables de la situación siempre logran protección, a pesar de los cambios de gobierno o de partidos en el poder. Es una verdadera conspiración.
Tristemente, el caso del Artes y Oficio es solo un ejemplo de los tantos que vemos a diario. Aplastantes evidencias de lo sucedido en este país desde siempre, pero con asombrosa y repugnante dimensión durante el pasado quinquenio, son trivializadas, negadas o airadamente desmentidas con un descaro que ofende, en este país del borrón y cuenta nueva. Es una conspiración del cinismo.
Y la conspiración es de tal calibre, que a pesar de que vivimos una situación nunca antes vista en materia de persecución del delito desde el Ministerio Público, en la cúspide del sistema de administración de justicia parecen estar poniendo resistencia a que la justicia sea servida.
Así, el hoy magistrado presidente de la Corte Suprema de Justicia, José Ayú Prado, que tuvo una sorprendente y sospechosa cadena de ascensos durante la administración de Ricardo Martinelli, desde fiscal a Procurador para terminar como magistrado del más alto tribunal de justicia del país, ha decidido asumir un papel vital en uno de los procesos contra el expresidente sin sonrojarse, ni declarar su evidente conflicto de intereses. La conspiración del cinismo en todo su esplendor.
Una conspiración que incluye entre muchos otros casos, a quienes protestan vestidos de blanco frente a las fiscalías alegando persecución, y apelando a la lástima de los despistados que nunca faltan.
O esos blindajes y reblindajes creados para proteger a diputados, magistrados y otros demonios. O la inexplicable permanencia en el cargo del fiscal electoral, a pesar de que todo Panamá fue testigo de su complicidad en lo sucedido en la campaña electoral, cuando los recursos de todos los panameños fueron utilizados desde el poder para favorecer al candidato oficial sin que nada ni nadie lo impidiera.
O los cínicos alegatos de los voceros y defensores del pasado gobierno, acusando con alarmado tono de cosas que ellos hicieron desde cada una de las instituciones del Estado en una evidente asociación ilícita para delinquir, con la complicidad de todos los entes de control dirigidos entonces por sirvientes del poder.
O los profesores de una universidad decadente, que defienden con marchas, protestas o la que haga falta, el status quo que les permite seguir comiendo su pedazo del pastel, con absoluta indiferencia sobre el ejemplo que muestran a los estudiantes convertidos en peones de la política clientelar.
Son muchos los casos y muchos los ejemplos; son muchos los cómplices de esta conspiración del cinismo que invade el país. Se trata de una conspiración que estos días es el principal enemigo de nuestra enclenque democracia. Combatirla, enfrentarla y desenmascararla es un deber.